Cada uno conoció un pedacito de Sebas...

Cada uno conoció un pedacito de Sebas...
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para poder sentir más a Sebas con nosotros...
escribe las cosas lindas que recuerdes de él
y compartelas con todos los que lo amabamos...

miércoles, 6 de abril de 2011

Hoy soñé contigo, Artu...

Y con Sebas... pero Sebas estaba tan cambiado que no lo reconocía, no era su rostro, era otro rostro. Hablábamos de algo, él estaba contento. Era como que me compartía de herencia una casa, como si fuera la de ustedes, pero no era la de ustedes... en todos los sueños con él siento que Sebastián me hereda algo, como si me diera pistas o miguitas de pan, que me llevan a algún lado.

Hoy al despertar recordé algo con Sebas que había vuelto a mi memoria cuando estuvo en la clínica y que se había vuelto a ir.

Eso fue como en el '98, fuimos de paseo al eje cafetero. Muchos se fueron "echando dedo" desde Bogotá, Sebas hizo equipo con Luza, creo, y llegamos todos a la finca de Sebastián Sendoya en Pueblo Tapa'o. De allí salimos primero al Parque de Los Nevados y luego nos fuimos a Salento. Siempre "echando dedo".

Sebas fue mi pareja de autostop cuando nos devolvimos desde Salento. Viajábamos en una camioneta de estacas. Fue un viaje bonito y tranquilo. En esa época yo usaba una cámara Zenit (rusa y como todo lo ruso parecía hecho de concreto, sin una línea de diseño, pesada y preparada para la guerra) y había estado tomando fotos. La llevaba colgada del cuello cuando nos bajamos de la camioneta.  Sebas se bajó primero y fue a darle las gracias al conductor. Yo me bajé después de un salto hacia atrás... yo caí bien, pero la cámara, por efecto del salto, cayó después que yó y justo en mi frente, golpéandome con una de sus esquinas sin diseño.

Cuando Sebas volvió y me vió hizo una cara de espanto mal disimulado: la cámara me había hecho una herida y me estaba saliendo sangre... y la sangre es escandalosa. Sebas, sin un peso, empezó a buscar agua y algo con qué limpiarme. Yo estaba enojada (en esa época cada vez que me pasaba algo como eso por torpe, en vez de alegrarme por la ayuda, trataba mal al que me ayudaba) y gruñona.

Sebas se comportó como todo un caballero andante, consiguió agua, me lavó la cara y me calmó. Y llegamos, ya no recuerdo cómo, hasta la finca de Sendoya.

De la herida me quedó una cicatriz chiquitita, la herida no fue realmente muy grave, sólo que la sangre era muy escandalosa... y ahora la cámara no me la cuelgo del cuello, sino terciada...  Es un recuerdo bonito... después el se burlaba de mí por lo escandalosa e histérica que era...

Un besito, mi Artu, Que tengas buenos sueños... Johanna

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